Curiosamente, he constatado, que existe mucha más fluidez en la comunicación, a través del blog, que mediante la página web, por ello, invito a todo aquel que pase por aquí, a que también se de una vuelta por www.federicogomez.es es muy probable que os guste, aunque solo hay imagenes.
Salud.
Reflexiones sobre los procesos creativos en este caso en la escultura, ademas de otros temas que hagan poner en marcha mis pensamientos.
lunes, 16 de junio de 2008
martes, 27 de mayo de 2008
Paisajes de ciudad

La ciudad tiene sus paisajes, a veces sobrios y equilibrados, otras desajustados,o deteriorados; en la naturaleza la materia se integra de una forma u otra habitualmente bajo paisajes armoniosos, con una cierta uniformidad. Con respecto a los residuos, los procedentes de la naturaleza, hablo de hojas, ramas, arenas arrastradas por escorrentías, se agrupan mediante fuerzas naturales, y acaban integrándose tras su descomposición en el sustrato vegetal, por tanto no entendemos estos residuos como suciedad, ya que los contemplamos como un momento de una cadena sin fin que es la transformación de la materia mediante procesos naturales.
Los residuos urbanos, son otra cosa, provienen de muy diversas procedencias y la mayor parte son de origen sintético, los plásticos, con sus mil y una presentación son un claro ejemplo de ello, y estos residuos no se pueden integrar en ningún sustrato natural, fundamentalmente porque no son de fácil descomposición y porque el sustrato de ciudad, el pavimentado y asfaltado, no tienen ninguna capacidad de absorción .

Dentro de los residuos urbanos, me llaman la atención los chicles, si, los chicles, esa masa gomosa, dulce, blanda, pequeña, tan pequeña que pasa desapercibida, pero que resulta bastante difícil de eliminar, hasta tal punto, que es muy común encontrar sus rastros a lo largo de cualquier calle, en las paradas de autobús, o en la entrada de grandes comercios, llegando estos a formar una especie de estampado que luce en el pavimento como si de un salpullido se tratase; aplastados y ennegrecidos se resisten a desaparecer adhiriéndose como si la existencia les fuese en ello (nunca mejor dicho).

La presente propuesta de instalación, consiste en elevar del plano del suelo mediante unas varillas metálicas y hasta una altura que oscile entre los setenta y ciento diez centímetros, estos restos de tan popular golosina, pinchando en el extremo una pequeña masa a semejanza de un chicle; dado que la propuesta de "La noche en blanco", como su propio nombre indica se realiza por la noche dicha masa sería de colores fosforescentes logrando así una mayor atracción. El objetivo es poner de manifiesto de una forma ostensible el espacio o la superficie que pueden llegar a ocupar estos desechos, intentando de esta manera concienciar a los transeúntes de la necesidad de dar un destino a los chicles, que no sea el propio suelo.

domingo, 30 de marzo de 2008
El taller
El taller significa para un escultor el laboratorio imprescindible donde realizar su personal alquimia, el lugar donde encontrarse consigo mismo y sus ideas, en el que expresarse a través de los materiales.
Recuerdo mi primer taller de trabajo, hace ya casi treinta años, en Bustarviejo, un pueblecito escondido en la sierra madrileña; allí el olor a leña y ganado se me antojaba un nuevo y desconocido perfume que pronto asumí como un olor personal. Era una pequeña casa tradicional, de techos increíblemente bajos, de espacios extraordinariamente pequeños. En consecuencia, los primeros trabajos resultaron ser juguetes: coches, camiones, casitas, puzles, trenes..., objetos dedicados a un mundo menudo, los niños.
Más tarde y tras el paso por una buhardilla donde trabajar era más bien penar, ocupé una antigua vaquería de suelo de tierra y techo de paja. El tamaño de mis trabajos aumentó conforme lo hizo el espacio, y de ahí salieron de la mano los primeros muebles y las primeras esculturas. Reforma tras reforma, la vaquería se fue convirtiendo en una agradable estancia donde se mezclaban el olor a vaca instalado en cada rincón del lugar con las fragancias de las maderas. Allí no solo pude faenar con holgura, sino también almacenar, y vaya si almacenaba, multitud de materiales que iba recogiendo de los sitios más insospechados.
Ahora, mi taller ya no tiene paredes, tampoco límites, solo los inherentes a mi persona, y las obras han vuelto a crecer en tamaño y en fuerza; trabajar al aire libre me agrada, haga frío o calor, me ayuda a entender más mis proyectos, a vincularlos más al medio natural del que proceden los materiales. La inspiración ya no se encuentra solamente en mi cabeza, sino en cada uno de los estímulos que percibo del entorno.
Recuerdo mi primer taller de trabajo, hace ya casi treinta años, en Bustarviejo, un pueblecito escondido en la sierra madrileña; allí el olor a leña y ganado se me antojaba un nuevo y desconocido perfume que pronto asumí como un olor personal. Era una pequeña casa tradicional, de techos increíblemente bajos, de espacios extraordinariamente pequeños. En consecuencia, los primeros trabajos resultaron ser juguetes: coches, camiones, casitas, puzles, trenes..., objetos dedicados a un mundo menudo, los niños.
Más tarde y tras el paso por una buhardilla donde trabajar era más bien penar, ocupé una antigua vaquería de suelo de tierra y techo de paja. El tamaño de mis trabajos aumentó conforme lo hizo el espacio, y de ahí salieron de la mano los primeros muebles y las primeras esculturas. Reforma tras reforma, la vaquería se fue convirtiendo en una agradable estancia donde se mezclaban el olor a vaca instalado en cada rincón del lugar con las fragancias de las maderas. Allí no solo pude faenar con holgura, sino también almacenar, y vaya si almacenaba, multitud de materiales que iba recogiendo de los sitios más insospechados.
Ahora, mi taller ya no tiene paredes, tampoco límites, solo los inherentes a mi persona, y las obras han vuelto a crecer en tamaño y en fuerza; trabajar al aire libre me agrada, haga frío o calor, me ayuda a entender más mis proyectos, a vincularlos más al medio natural del que proceden los materiales. La inspiración ya no se encuentra solamente en mi cabeza, sino en cada uno de los estímulos que percibo del entorno.
viernes, 28 de marzo de 2008
Desde mi ventana 2
Desde mi ventana...
La vida me despierta
agitando sentidos,
jaleándome el alma.
El tiempo se hace presente,
en la cálida luz del Sol,
con la tímida luz de la Luna.
Paseo en soledad con la mirada,
entre los riscos de la altiva montaña,
sobre la turbia meseta infinita.
El viento sopla feliz,
los árboles bailan su son,
los pájaros surfean sin olas,
aleteando colores y más colores.
Flores que alfombran de pétalos
perfumando el aire de fragancias
seduciendo a esculturales insectos
que saborean besos de néctar.
Mi ventana, ojos a un mundo
que vive sin ser visto,
que anda de puntillas
escondiendo sus tesoros.
Desde mi ventana... Qué haría yo sin mi ventana.
Humildemente: Scardanelli
La vida me despierta
agitando sentidos,
jaleándome el alma.
El tiempo se hace presente,
en la cálida luz del Sol,
con la tímida luz de la Luna.
Paseo en soledad con la mirada,
entre los riscos de la altiva montaña,
sobre la turbia meseta infinita.
El viento sopla feliz,
los árboles bailan su son,
los pájaros surfean sin olas,
aleteando colores y más colores.
Flores que alfombran de pétalos
perfumando el aire de fragancias
seduciendo a esculturales insectos
que saborean besos de néctar.
Mi ventana, ojos a un mundo
que vive sin ser visto,
que anda de puntillas
escondiendo sus tesoros.
Desde mi ventana... Qué haría yo sin mi ventana.
Humildemente: Scardanelli
miércoles, 12 de marzo de 2008
Laberintos
Los laberintos son uno de esos temas que aparecen a lo largo de la historia de la humanidad sin que aparentemente tengan un sentido especial o decisivo en el devenir de nuestra existencia. Los primitivos los grababan en las paredes de las cuevas, los griegos dieron vida al laberinto por excelencia a través del mito del Minotauro, los masones dejaron su huella mediante la construcción de iglesias y catedrales, los príncipes y nobles materializaron esta idea en sus fastuosos jardines. Egipcios, mayas, civilizaciones mesopotámicas... un sinfín más de manifestaciones han surgido entorno a los dédalos. Físicamente un laberinto es un lugar en el que es fácil adentrarse, no así hallar la salida; como idea, contiene un amplísimo abanico de ellas: encierra búsqueda, recompensa -tesoro-, en unos casos representa el símbolo de vida, de muerte en otros; pero casi siempre indica duda, incertidumbre, posibilidad.
Cuando te has dejado impregnar por el concepto y la imagen de los laberintos, se abren ante tus ojos mil y una puerta en la que poderlos expresar plásticamente: un edificio, el plano de una ciudad, el trazado del metro, un circuito impreso, el disco duro de un ordenador, una mina, recintos defensivos..., todos ellos, producto de la actividad humana, bien sea por necesidad, como el caso de una red de carreteras, por capricho, caso de los jardines, o simbólicos como son los laberintos de las catedrales. También encontramos manifestaciones de esta índole en la naturaleza, se me ocurren las grutas formadas por corrientes de agua o movimientos sísmicos, de igual manera las construcciones de orden biológico: cerebros, sistemas nerviosos, sistemas vasculares... Otro tipo de laberintos "naturales" se pueden atribuir al trabajo de sociedades animales, y me refiero a hormigueros, termiteros y las madrigueras de ciertos mamíferos de pequeño tamaño.

Puesto que considero los laberintos como representaciones humanas, he utilizado como recurso expresivo elementos de fabricación como el trazado, bien sea una calle, un camino; en forma de escalera, y la puerta como símbolo de entrada o salida... ¿de qué y adónde conducen? A la imaginación de cada uno, puesto que el laberinto solo es una idea que pertenece a la esfera de lo privado, allí donde cada cual alberga, en su interior, el deseo que quiere ocultar. Solo en la pieza "La casa de Minos" he utilizado elementos simbólicos como la gruta y el cuerno, para despojar de rastros humanos el mito por excelencia.
Con respecto a "Árbol laberinto" y "La casa del árbol" propongo la visión de este ser como un laberinto de carácter natural; me gusta la idea de entrar por los ápices de las raíces, deambular por el interior del tronco y salir por las yemas de las ramas, ¿te imaginas? No menos laberíntica y real me parece la imagen de un árbol como lugar de vida de multitud de seres vivos: xilófagos, barrenadores, larvas de insectos, orugas, pájaros, roedores..., cada cual con su tipo casa, de vivienda, como si de una corrala de vecinos se tratase. En el fondo, un concepto, el del laberinto, que nos permite hacer volar la imaginación hasta donde nuestras neuronas nos lo permitan.


Poder
Poder: dominio, mando, imperio, jurisdicción. Añado: herramienta de la que se sirve el ser humano para subyugar o someter a un semejante.
Echando un vistazo a un libro sobre la prehistoria, observé que la mayor parte de los primeros objetos o utensilios fabricados por aquellos humanos podían ser de carácter bélico; en los epígrafes correspondientes que daban título a dichos trabajos aparecían los sustantivos flecha, lanza, arpón... El autor esgrimía la necesidad de obtener mejores y más eficaces instrumentos para cazar. En aquel momento sentí que aquellas herramientas significaban la posibilidad de ejercer el poder para someter a los semejantes; y reflexioné sobre la estética del poder, plasmándolas, posteriormente, en una serie de piezas bajo ese título. Lo más obvio eran las características derivadas de la propia función: filo, punta, contundencia, manejabilidad, conceptos que, al trasladarlos a nuestro tiempo, habría que añadir: sutileza, belleza, anhelo, además de la transformación de la herramienta en un símbolo sugestivo, en objeto de deseo. Porque hoy la manifestación del poder no es la gacela muerta para que el clan se alimente, sino la herramienta en sí, aquello que nos permite enriquecernos personalmente y diferenciarnos del resto de los mortales. Y esto requería un tratamiento actualizado de las piezas: así el pulido de la madera ya no tiene carácter funcional sino simbólico, esa sutileza mediante la cual el poder de atracción emana de la calidad de la madera.
El poder no solamente ha sido ejercitado por los políticos o los militares, otras organizaciones sociales también han recurrido a él para lograr sus fines, y no se puede olvidar que siempre son personas concretas las que conforman una organización. La obra "Papa" ahonda en este mensaje del poder sutil: las religiones han ejercido, a lo largo de los tiempos, de juez de la evolución humana, jugando con la incultura y los temores de las personas; han detentado el poder para someter a la humanidad en beneficio de unos pocos. En contadas ocasiones se ha puesto en entredicho su labor, pero siempre han estado ahí, flotando sobre nuestras cabezas, por encima del bien y del mal. Un poder, en definitiva, que condiciona nuestras vidas sin que apenas lo notemos.
Cuando titulo "Pasión" no quiero decir solamente sexo, sino todos los registros emocionales que de una forma u otra se ponen de manifiesto en las relaciones sentimentales o afectivas. En ellas, según mi opinión, es donde se desarrolla una de las luchas más feroces por conseguir el poder, dada su prolongación en el tiempo; normalmente no hay violencia física -aunque muchas veces, por desgracia, existe- pero sí subyace una tensión contenida continua. He constatado que la mayoría de las disputas o enfrentamientos que se producen en una relación sentimental carecen de argumento -salvo el deseo personal- y son puras estupideces que lo único que pretenden es la victoria de uno sobre el otro para así arrastrarle hacia los intereses del vencedor, aunque no sean compartidos. De esta forma lo que generamos es un clima que, en la mayor parte de las ocasiones, nos lleva al resentimiento y al vacío. Es bonita la pasión, pero solo si la razón la acompaña, de lo contrario, solo es una mera explosión.
El poder expresado a través de la pieza titulada "Hoja" corresponde al de la totalidad, y a mi juicio es el poder ejercido por la Naturaleza: ella se repone constantemente de cualquier herida que podamos infligirla; durante los millones y millones de años de su existencia ha demostrado tener una capacidad de transformación, asimilación y aclimatación increíbles, modificando, no a su antojo, sino a su necesidad, seres de mil y una condición. Entre otras cosas, la Naturaleza es inmensamente tolerante. Faceta ésta que a los humanos nos queda por aprender.
lunes, 10 de marzo de 2008
Bichos y caprichos
Bicho es ese animal que recorre tu cuerpo alimentándolo de endorfinas, mientras tu mente, obsesivamente, se faja con mil y un detalle de la pieza que estás proyectando. Ese bicho, al tiempo que te fagocita, sirve de sustento para poder continuar la búsqueda de una salida, la salida, la única viable que resuelva la validez de una obra. Porque sabes que está ahí, la tienes al alcance de tu mano, aunque no es nada sencillo encajar todos los detalles. Por ello, rumias y rumias, imaginas, piensas, ensamblas en la oscuridad del sueño, montando y desmontando el proyecto, visualizándolo una y mil veces hasta convertirlo en una bola que, alojada en ti, va creciendo día a día... mientras el bicho aguante...
El proceso de la creación es inesperado y casi siempre fatigoso. Buscas lo sencillo, lo fácil, lo lógico, y para encontrarlo recorres un laberinto de posibilidades donde, a menudo, aparece la equivocación. A veces el error es recuperable, sin embargo, en otras ocasiones te hace malgastar tu tiempo y un material irreemplazable. Hay piezas que te empeñas en sacar adelante y lo que acabas obteniendo es un churro, y las hay que nada más observar el material, ves el proceso y el final con tal nitidez que se puede decir que la obra se desliza entre tus manos. Tanto en lo bueno como en lo malo, puedo asegurar que es un trabajo grato, muy grato, donde disfrutas de una libertad de pensamiento inigualable y estableces un vínculo afectivo con el objeto a través de las sensaciones que tu cuerpo recoge.
Capricho es la posibilidad de generar sensaciones agradables a través de la creación de una pieza sin más motivo que el de disfrutar de ella, pensándola, dándole vida y saboreándola posteriormente. Algunas esculturas poseen una carga ideológica o conceptual importante, otras son poesía en volumen; las hay simbólicas, que representan algo o alguien, y las hay que aglutinan los tres aspectos. Para mí, lo deseable es que todas ellas sean capaces de evocar algo y provocar en el espectador placer, placer sensorial. La escultura no ha de ser vista, ha de ser poseída como si de un/a amante se tratase, con cierta pasión; he escrutado todas y cada una de mis piezas, las he acariciado sintiendo sus texturas o sus volúmenes, he olfateado las fragancias ofrecidas por cada uno de los árboles con los que voy trabajando... incluso en las más propicias, intento escuchar su voz, porque las maderas también producen sonidos; en definitiva dejo que mis sentidos se apropien de ellas. Por eso nunca entenderé el que en las exposiciones, cada vez que te acercas a una pieza, aunque solo sea para ver algún detalle, rápidamente haga su aparición un ser uniformado advirtiéndote de la imposibilidad de molestar de cualquier forma el objeto. Entiendo que hay mucho gamberro suelto, pero me cuesta creer que acudan a las muestras de arte y, créanme, esto, a mi modo de ver, supone levantar un muro entre el espectador y la obra. En mi caso, yo les invito, autorizo y animo a que palpen, huelan y observen cualquiera de mis trabajos. Tan solo pediría el mismo trato que le dispensarían a un ser humano.
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